domingo 30 de noviembre de 2008

Y parece que estoy grande...


Yo no lo había notado. De hecho, creo que muchos de los que me conocen y están conmigo a diario no lo habían hecho, a no ser que por cosas pequeñas o que parecen ser simples, pero que no tienen nada de eso, me lo hayan hecho saber. Estoy más grande, o mejor dicho, estoy grande.

Sé que suena ridículo, pero es que estoy tan acostumbrada a ser un niña, que el hecho de que a mi edad por ejemplo, mi mamá ya estaba casada, con una hija y el siguiente en su vientre, me hace pensar que puede que en algún momento de mi vida, si Dios me regala la bendición de tener un esposo (un Mr. Rigth), e hijos, voy a tener que asumir que ya no soy una niñita. ¡Rayos!

Todo esto, porque el otro día me sucedió algo increíble para lo que me di cuenta que no estoy sicológicamente preparada. Regresaba del gimnasio, luego de separarme de mi infaltable amiga bicicleta (ahora de 60 minutos a nivel 5) y dos niños, calculo de unos 14 o 15 años, venían caminando hacia a mi conversando de lo que tenían que hacer, (¿a esa edad? jugar yo creo...) De pronto, uno de los dos, se detuvo y dijo: SEÑORA, ¿me puede decir la hora?, como yo estaba allí, y había escuchado, pensé que la pobre señora se demoraría más en contestar, asi que amablemente saqué mi celular (porque todos los relojes que he tenido alguna vez en la vida se me han perdido sin que me de cuenta :S) y me disponía a decirles que tan tarde o temprano era... cuando de pronto algo pasó por mi mente. Fue entonces, que decidí darme vuelta para ver a la famosa señora, a la que le habían preguntado la hora... cuando para mi sorpresa, me encontré sola, con esos dos niños, mirándome fijamente y esperando una respuesta rápida a su consulta. Conclusión, ¡¡¡me habían dicho señora!!!

No se rían, el tiempo pareció congelarse, y estoy realmente segura que esos eternos segundos, no solo fueron eternos para mi, sino que para aquel niño que se dió cuenta que no le decía la hora porque estaba demasiado atónita con su adjetivo calificativo. No tengo idea con qué cara lo habré mirado, pero de que tragó saliva el pobre, tragó. Y bastante.

Partiendo de esta historia, me imagino que muchos de nosotros en interminables ocasiones no nos damos cuenta de que el tiempo pasa tan majestuosamente rápido, que de pronto ya no tenemos ni 5 ni 10 años, si no que 22 (en mi caso), y que hay otras cosas que deberían preocuparnos, o nos vemos enfrentados a situaciones tan sumamente complicadas en la vida en las que simplemente no tenemos idea de como reaccionar.

Aún así, y después de todo lo que he pasado en este tiempo, quiero decir que una vez más me he sentido bendecida por la gente que me rodea y que me un montón de ocasiones, me han salvado la vida. Quiero decirles que me encuentro, a consideración, un poco más estable y casi me siento feliz y que a pesar de que ahora los niños me digan "Tía" o "señora", estoy peleando por ese punto de equilibrio que me hace estar contenta solo por el hecho de ser yo. Una niña chica, con problemas de grande y pataletas de bebé.

Escribir es terapéutico, y a pesar de que tengo diario de vida (lo cuál les contaré mas adelante) desde ños 5 años, jamás me he aburrido de tenerlo como un hobby o como una manera de esculpir mi vida cual Miguel Angel.

Hoy resfriada y en cama, me acordé de toda la felicidad que me traía cuando niña estar enferma y poder jugar con mis cuadernos e inventar mil mundos... jugando a ser grande. Es por eso que me quedo a compartir esto con ustedes, y asi, desde ahora, todos los días será igual. Cómo me dijo un amigo, "Escribir te va a renovar, te sentirás mejor y no podrás parar después..." Seguiré su consejo. ¡Posteen!

Un abrazo gigante,


xoxo,


(la señora ¬¬)

Paula Roa Pinto

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